Llamado a la conciencia eco-filo-femenina

Carlos Manuel Zapata Carrascal – Colombia

Dedicado a Adriana Zapata Gutiérrez

Para uno de los tantos días en que deberíamos homenajear a la Mujer, el mercantilizado y banalizado 8 de marzo, dije a algunos estudiantes de secundaria, que el reconocimiento tenía que extenderse a toda la condición femenina y por tanto a la Tierra, dadora de la vida y de todo lo que naturalmente nos rodea en este único lugar en donde solo natura puede manifestarse tan diversamente, pero al mismo tiempo tan distante del conocimiento que necesitamos para impedir la continuidad de su depredación en detrimento de las equidades que debemos fortalecer.

Por ello, los pueblos originarios y sus descendientes, comulgaron y son más amigables con la naturaleza. “Pachamama”, es uno de los tantos nombres  legado por los pueblos de Abya Yala/América para la Tierra.

La distorsión histórica ha sido tal, que por vía de la influencia de una sociedad del cercano oriente, esclavista y patriarcal, quienes escribieron a retazos lo que unificadamente se llama “la palabra de Dios”, no pudieron esconder el hecho inherente a la reproducción de la humanidad y otras formas de vida, la cual según los últimos hitos de la genética contenidos en la Teoría de la Eva Mitocondrial, en gran parte se garantiza a través de la condición femenina.

El descubrimiento de la creciente disminución de la pieza aportada en la simiente masculina para determinar el sexo, lleva a inferir que en últimas, el género de la especie depende de la Madre. Con ello, se sigue garantizando que la población femenina debe ser mayor que a masculina.

Por ello, cae por su propio peso que el Varón universal simbolizado en Adán, al revés NADA, hubiese prestado uno de sus costados, imposiblemente análogo al vientre de la mujer, para que esta viniera a hacerle compañía.

Eva, el prototipo del sexo femenino, termino contrapuesto a ADAN/NADA, debe leerse como AVE, es decir, la libertad, no pudo entonces surgir con posterioridad, ni aun aceptándose que en ese juego de símbolos que está detrás de los relatos bíblicos, se estuviera dando por implícito la armonía dialéctica de los aparentes opuestos constitutivos del Ser Cósmico.

De todo ello inferí hacia los muchachos, que solo podría entenderse el Génesis bíblico en lo atinente con “la creación de la especie humana”, en el marco de una sociedad patriarcal que desde entonces, al enviar el mensaje de la aparición de la Hembra a partir del Varón, acuñó para la posteridad el machismo.

En esas condiciones, el ECO-FEMINISMO, no debería reivindicar la liberación femenina respecto al machismo tan deshumanizador, sino apuntarle a la conciencia de la mixtura orgánica y emocional que como parte de una misma unidad, debe compenetrarse en la práctica social a favor de la construcción de una sociedad en donde no se continúe separando, disociando, fragmentando, lo que por evolución natural hace parte de un todo integral e integrado.

La estructura genital es suficiente evidencia para no permanecer ignorantes frentes al llamado a la integración, puesto que si se analiza bien, en todo hombre hay un poco de la mujer y viceversa.

Esa realidad biológica, lleva también a pensar que en un mundo donde se discrimina por la condición sexual, también hay suficiente espacio para la diversidad, tal como sucede en la naturaleza, siempre y cuando, los más llamados a esclarecer y liberar al pensamiento de ataduras que encarcelan comprender el mundo tal cual es, armonicen posiciones, que no a confundir oscurantistamente desde los fundamentalismos religiosos y prejuicios contrapuestos a las realidades naturales reconocidas por los hallazgos de las Ciencias.

Esas mismas posiciones, deberían estar a tono con las fuerzas y energías constructoras del SER UNIVERSAL que nos han traído hasta aquí, considerando que además de necesitarse un ecumenismo que nos conduzca al reencuentro con la esencia y la integralidad que compartimos, se debe comprender que somos portadores de los mejores procesos y elementos que se han dispuesto a lo largo de la historia evolutiva del Universo.

Cuando entendamos que somos privilegiados, porque en cada manifestación del Ser universal está presente el devenir cósmico, ese día podremos comenzar a tener conciencia del largo tiempo mal invertido en desconocer la esencialidad de la existencia.

Esa esencia, desde hace mucho tiempo, antes que la dicotomía cartesiana se apodera del mundo por vía del colonialismo moderno, lo comprendieron las culturas que aún, pese a todas las violencias que les han infligido, conservan en gran parte las costumbres confirmadoras que nos debemos más a la intervención de la feminidad.

El hecho de que antes del patriarcado incubado en las sociedades esclavistas antiguas, los primeros Pueblos hicieran existencia alrededor del Matriarcado, es un buen ejemplo para comprender la fuerza reproductiva por vía femenina.

Esa armoniosa costumbre primitiva, puede encontrarse en cualquier sociedad aborigen o descendiente de los pueblos originarios, en donde al dejar de existir físicamente un miembro de la población, se le regresa simbólicamente a la tierra que naturalmente lo parió.

Ese Saber esencial y basamento de la epistemología de los Pueblos originarios, es lo mismo que “Del Polvo (Cósmico) vienes y a él haz de regresar”, cuya analogía científica es “La materia ni se crea ni se destruye, sino que se transforma”. Tales expresiones, en el fondo dicen lo mismo, aunque las limitaciones ocasionadas por prejuicios y manipulaciones ideológicas persistan en contraponerlas.

Entre los Zenués, cultura prehispánica del Caribe colombiano, implicaba colocar el cadáver en posición fetal en una Tinaja o recipiente elaborado con arcilla. Con ello se simbolizaba, el regreso al Útero telúrico, el cual por extensión es reproducido por el de la Madre biológica, que sigue teniendo en la forma de dicho objeto de cerámica su par perfecto.

Los hombres libres africanos convertidos en esclavos por causa de la mercantilización con la cual el Capitalismo comenzó a trastocar la armonía de nuestras etnias con la naturaleza, trasladaron al Caribe la costumbre del novenario, con el cual se despide el alma de los muertos.

Esta tradición funeraria, traduce el reconocimiento de los nueve meses de gestación.

El Ekobio Mayor Manuel Zapata Olivella, en consonancia con sus convicciones ancestrales y conexidad con la naturaleza, ordenó antes de fallecer que sus cenizas fueran a integrarse con las aguas del Río Sinú para que sus átomos pudiesen alcanzar, subidos a las crestas del oleaje marino trasatlántico, las costas por donde fueron desarraigados sus ancestros.

No solo en ese acto donde hizo cumplir consecuentemente lo que en el fondo fue, un pensador sistémico, tal como lo es la naturaleza y en ella bien o mal nosotros, se hace evidente la comprensión holística y panteísta que algunos se empecinan en disociar con fines hegemónicos: ciencia y religión.

En la posterior tradición filosófica occidental que bebió de la sabiduría africana y oriental, la potencia y acto, recordando a Aristóteles, como más tarde genialmente lo intuyera, Baruch Spinoza, no pueden estar por fuera del Ser, sino que son fuerzas latentes y constante construcción, como también mucho antes lo pensara Heráclito de Efeso.

Eso, en verdad, es el único Dios. Es decir, una energía y proceso cosmico que en forma de fuerzas contrapuestas, sostiene el devenir de todo lo existente.

De allí que entre los primeros pueblos y aún entre sus descendientes, se daba por certeza la procedencia de los dioses de las múltiples manifestaciones de la naturaleza. El politeísmo, tiene su razón de ser allí.

Un controvertido personaje del Caribe colombiano, el cantante Diomedes Díaz, interpretando a algún poeta y compositor del llamado genero Vallenato, expresó el panteísmo de Spinoza diciendo algo así como que “a Dios no hay que buscarlo en el aire, sino el corazón”.

Spinoza, contraponiéndose a la imposibilidad de que exista un motor generador externo al Ser, dijo algo similar al compositor de la frase de Diomedes Díaz: “No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro…ahí estoy, latiendo en tu corazón”.

En ese contexto se puede inferir que la asociación de la Madre con las Vírgenes de la tradición judeo-cristiana, si se analiza mejor, tiene sentido, en tanto hay una conexión entre la Madre de todas las madres, la naturaleza, con las mujeres que el dogmatismo religioso ha denominado Vírgenes, las cuales a su vez, existen con diferentes nombres envolviendo la misma significación, todo ello demostrativo de la sincretización étnico-cultural, como Santa Bárbara, detrás de la cual se encuentra Changó, por dar un ejemplo.

Por lo tanto, antes de Dios, debería decirse Diosa, diosa naturaleza, con el fin de reivindicar el sentido de la concepción profunda y esencial que asumieron los pueblos primitivos y que con dificultades mantienen sus herederos, en tiempos que las sociedades, urgen de la educación holística para no seguir aumentando los riegos de perecer como especie ante la insensatez de unos cuantos que administran los ordenamientos internacionales, dividiéndonos para reinar, incentivando individualismos entre lo que es colectivamente más poderoso, fomentando visiones y formas de pensar fragmentadas de un todo que requiere ser comprendido en articulación interdependiente de sus partes.

Mayo 7 de 2.013. Para FAIA y en reconocimiento al tenaz esfuerzo armonizador de su coordinador, Fernando Proto Gutiérrez.- Revisado y modificado en Moñitos el 7 de mayo de 2017, con el fin de darle continuidad a una reflexión sobre la relación entre el comercializado Día de las Madres, el sincretismo subyacente en los símbolos de las Vírgenes de la tradición religiosa judeo-cristiana y las concepciones de los Pueblos originarios sobre la Naturaleza como MADRE de todo lo existente.

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