El pensamiento tradicional moderno – Cristian Abad Restrepo

A lo largo de la historia del pensamiento hemos visto como determinadas ideas colapsan como resultado del agotamiento de sus postulados ontológicos sobre aquello que denomínanos realidad y sobre todo cuando la realidad geográfica dice otra cosa. Antes de conocer el continente que hoy llamamos América, los europeos tenían sus teorías cercadas por una cosmografía cristiana limitada. La Orbis Terrarum era el Mundo donde los europeos ocupaban la periferia de ese mundo, cuyo centro geopolítico era el oriente. De allí provino las grandes invenciones como la cartografía, la pólvora, la aritmética, los tejidos, la rueda y las técnicas de trabajo.

Europa sólo importaba los productos que eran producidos desde estas geografías, por lo tanto, su aporte a la humanidad por aquella época fue casi nulo. Ahora bien, es con la emergencia de otra geografía desconocida en las conciencias de los hombres, que Europa emerge y sale de su condición periférica y de su finitud para ubicarse en el centro geopolítico en el mundo, porque están dadas las condiciones para dejar salir su codicia cercada hacia un mundo por explorar.

El impacto de tal magno acontecimiento en el pensamiento cosmográfico significó su destrucción, lo que sobrevino fue una renovación del pensamiento para los europeos ante la necesidad y la urgencia de definir el nuevo continente, de darle su Ser y su contenido ante una nueva realidad geográfica. Dicho de otra forma, al nuevo ente le fue asignado una ubicación geografía y espiritual en la nueva jerarquía mundial donde el peldaño superior del espíritu ya era el viejo mundo.

¿Cómo es posible que Europa salga de su tradicional ubicación periférica y se localizase en el mundo como centro? Simple, absorbiendo de las otras geografías su materia, su energía, su trabajo humano y su conocimiento mediante prácticas invasivas, que tuvo como apoyo ideológico al papel de la iglesia católica y posteriormente la ciencia y la filosofía moderna, que fueron máquinas de conocimiento producida para justificar que el nuevo mundo era de los europeos y no de quienes lo habitaban. De allí, que nació la modernidad/colonialidad impuesta a sangre y fuego como diría Marx y en consecuencia el origen del capitalismo. Hacerle creer al Mundo que sólo existe una y única forma de vida posible supuso la asimilación y el aniquilamiento de culturas y la destrucción de la naturaleza.

Consecuencias del pensamiento tradicional moderno

Ese sistema aún persiste hasta el día de hoy con algunos arreglos de forma como, por ejemplo: el cambio hegemónico del poder mundial, mas instituciones financieras, nuevas subjetividades de conocimiento científico, un mercado más dinámico y técnico, grandes centros urbanos industriales, que sobreguardan la esencia o la ontología que fundamenta su existencia: la destrucción de la cultura o del trabajo humano y de la naturaleza.

 Dicho de otra manera, no puede existir este sistema sin un sujeto pensante que ve al otro como objeto ahistorico, sin pensamiento, sin conciencia, sin vida. Sólo el sujeto le da vida al objeto, por tanto, su Ser. Al ser objeto, o mejor, considerado como objeto se succiona su vida y le asigna otra. Es sobre esta base racional moderna que se ha estructurado lo que conocemos en nuestros pueblos como modernidad.

Esta forma de pensar-moderno se hizo tradicional en sus 525 años de existencia. Ya no se puede esperar nada del pensamiento europeo, más de lo mismo de distintas formas. En sus 525 años la humanidad ha experimentado las peores atrocidades que ninguna civilización haya causado, muerte, hambre, guerras, destrucción de la naturaleza y exterminio de las culturas. Dice Frank Hinkelammert que esta racionalidad es irracional porque no hay modo de vida que se sostenga material y espiritualmente desde un pensamiento genocida.

La tradición de este pensamiento se observa en la repetición de los ritos y sacrificios humanos y de la naturaleza en ese nuevo espacio finito del Mundo. Cada revolución industrial ha significado más extractivismo-minero, cada nacimiento de un ser humano dentro de ese mundo finito bajo esta forma de pensamiento, ha significado un incremento de la huella ecológica y de carbono, cada diseño de ciudad se traduce en la ampliación de la frontera agroindustrial y así sucesivamente este pensamiento se hace más tradicional. La modernidad es tradición, no invención o renovación. La modernidad es un mito, en eso radica su poder y su deseo.

La modernidad es un dogma que produces creyentes, fieles a un pensamiento que está comprometiendo las condiciones de posibilidad de la vida y por consiguiente de su reproducción humana y no humana. Juan Bautista muy bien lo delineó la modernidad es una tradición que se reinventa dentro de sus parámetros en los últimos 525 años. ¿Cómo decir que algo es novedoso cuando es reproducción de la misma lógica de dominación que se reproduce? Sucede que la modernidad se cierra a lo nuevo y a la creatividad de posibilitar nuevos horizontes de vida.

Espacio-tiempo del pensamiento tradicional-moderno

En ese sentido, la expansión de la modernidad/colonialidad en el planeta significó un nuevo cerco epistémico que no está dejando desplegar la creatividad humana hacia algo realmente nuevo, al instaurarse una orbis terrarum economicus delimitada por el pensamiento tradicional moderno desde 1492. El capital para acumular requiere circular comprimiendo el espacio-tiempo, acelerando los tiempos locales y articulándolos a los diseños globales.

Varios geógrafos críticos han manifestado que la modernidad y la posmodernidad ha significado una nueva experiencia de la comprensión en ese espacio-tiempo donde la velocidad transforma los espacios. La aniquilación del espacio por el tiempo a supuesto el aniquilamiento de la vida. Se confunden los geógrafos críticos cuando piensan que tal compresión resulta en nuevas subjetividades a partir de la relación con el mercado, encubriendo con sus categorías analíticas la pobreza, la miseria y la efectiva desterritorialización quien sufrió y sufre tal aplastamiento de su territorio. Dentro de esta apertura para los modernos, pero cerradura para los colonizados no hay límites a la crueldad. Al final de lo que se trata el pensamiento tradicional moderno es encubrir su historia, sus ritos y sus sacrificios.

Nuevas geografías de pensamiento por la vida

Dentro de estos límites epistémicos impuestos por el pensamiento moderno vemos que la geografía se cierra, obviamente se comprime encubriendo otras. Es en esas geografías-otras exteriores a la modernidad/colonialidad donde están los conocimientos realmente novedosos, donde está lo nuevo y que sabemos que han estado ahí por siglos ocultados.

Mirar hacia ellas, aprender de ellas y pensar desde ellas nos permitirán abrir múltiples posibilidades de reproducir la vida humana y no humana, o como dice Juan Bautista hacia una racionalidad de la vida. Pensar la vida es el acto categorial del presente siglo cuyas respuestas las podemos encontrar “desde” aquellos que han sobrevivido el sistema de pensamiento totalitario y absolutista.

Geógrafo.

*cabadrestrepo@gmail.com

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