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Achille Mbembe o la Crítica de la Razón Negra Colonial-Neocolonial

Eugenio Nkogo Ondó

Quisiera agradecer, en primer lugar, al profesor de Filosofía D. Carlos Manuel Zapata Carrascal, afrodescendiente y destacado miembro de la Escuela del Pensamiento Radical, residente en Lorica, Córdoba, Colombia, quien, el 12 de febrero del año en curso, tuvo la amabilidad de enviarnos este mensaje:

Cordial saludo. Traté de adjuntar CRITICA DE LA RAZÓN NEGRA, pero estaba muy pesado. Ahí dejo una entrevista a su autor.

En segundo lugar, siguiendo el hilo de la cuestión, debo manifestar que, unos meses después de la aparición de la segunda edición de este libro, Critique de la raison nègre (Crítica de la razón negra), en París, en ediciones de La Découverte en octubre  de 2015, recibí un ejemplar enviado atentamente por el escritor camerunés Paul- Aurélien Ndocky Sappy, partidario del ideal de la lucha por la liberación de África y miembro de la oposición, en el exterior, al régimen de Paul Biya. Leyéndolo, puse en la segunda página con bolígrafo rojo estas palabras: “Un texte saisi par l´aliénation coloniale et néocoloniale” (“Un texto atraído por la alienación colonial  y neocolonial”). Aprovechando las largas y fructíferas conversaciones que mantuve con el joven filósofo argentino, Fernando Proto Gutierrez, fundador de le Escuela del Pensamiento Radical y de su órgano de expresión, FAIA, Revista de Filosofía Afro- Indo-Americana, durante su breve estancia en León, el 29 y el 30 de diciembre de 2016, se lo mostré y le indiqué que su contenido era el resumen del típico discurso de los africanos que han sido condenados a permanecer en esa categoría que Frantz Fanon había llamado Peau noire masques blancs (Piel negra máscaras blancas).

El que se acerque a dicho texto, se dará cuenta enseguida de que nuestro hermano Achille Mbembe, que ha ascendido al grado de profesor de historia y de  ciencia política de la universidad Witwatersrand, Johannesburgo, África del Sur, no ha sido todavía capaz de liberarse del yugo colonial ni mucho menos del neocolonial que asolan a nuestro continente. Como ya observó Mongo Beti con su  habitual clarividencia: “Oprimir la personalidad africana es un arte, hay que reconocerlo claramente, en el que el colonialismo francés lleva la palma” (Lettre ouvcerte aux Camerounais ou la deuxième mort de Um Nyobé, Éditions des Peuples Noirs, Rouen, 1986, note 11, p. 24-25), es fácil constatar que, en este arte, sólo pueden ser bien recibidos y promovidos a distintos ámbitos, aquellos africanos que, negándose a sí mismos, defienden la obra de la colonización francesa. Con este imperativo, en la Introducción a su obra, “El devenir-negro del mundo”, no tiene otro punto de partida sino el de las tergiversaciones coloniales del siglo XVIII y, de acuerdo con ellas, afirma:

“En principio, de hecho el Negro, es aquel (o más aún aquello) que se ve cuando no se ve nada, cuando no se comprende nada y, sobre todo, cuando no se quiere comprender nada. Por dondequiera que aparezca, el Negro arroja dinámicas pasionales  y provoca una exuberancia irracional que pone, siempre, a prueba incluso el sistema de la razón. Después de todo, nadie –ni aquellos que lo han inventado, ni los que han sido ataviados de este nombre- quisiera ser Negro o, en la práctica, no quisiera ser tratado como tal. Por lo demás, como precisaba Deleuze, “hay siempre un Negro, un Judío, un Chino, un Gran Mongol, un Ario en el delirio” puesto que lo que remueve el delirio, son entre otros, las razas.” (Gilles Deleuze, Deux régimes de fous. Textes et entretiens, 1975-1995, Minuit, Parios, 2003, p. 25, Cirtique de la raison négre, p. 10-11.). Desde esa óptica borrosa de la negación al Negro, de la negación a sí mismo, y de la  aceptación incondicional de la falsa imagen o de la extraña máscara impuesta por el  otro, el autor admite con cierto elogio, como un buen ser pensante sui géneris, que “los mundos euro-americano en particular han hecho del Negro y de la raza dos vertientes de una misma figura, la de la locura codificada” (Miriam Ellav-Feledon, Benjamin Isaac et Joseph Ziegler, The Origins of the Racism in the West, Cambridge University Press, Cambridge, 2009.)

¡Misión cumplida! Con estas premisas, este africano teledirigido, satisfecho de su condición unidimensional, podrá emplear a fondo su habilidad intelectual para efectuar una especie de recreación de la recomendada película fantástica de la locura  de la raza negra. De esta guisa, ha sido alzado al puesto de profesor en una universidad de África del Sur, donde, tras el impulso liberador de Madiba, el Apartheid ha recuperado el terreno., para que colabore activamente en ese statu quo.

A estas opiniones racistas, añade las de los defensores de la esclavitud y la confunden con la presencia del Negro en Abiayala, América del Sur. En las p. 28 y 29 plantea el tema de aquella presencia en España, en Portugal y en el otro lado del Atlántico. No cabe duda de que estos dos países ibéricos han sido, desde el siglo XV hasta hoy, no sólo zonas de tránsito sino también de permanencia de los Negros, cuyas huellas son todavía visibles en Huelva, en Cádiz, en Sevilla, en Lisboa… desde donde fueron conducidos hacia otros países europeos. Pero, este camino no fue nunca el único por el que el Negro llegó a América. La verdadera historia nos demuestra que lo hizo  por dos vías: la del Egipto de la Negritud, muchos siglos antes de la era cristiana, y la del Imperio Mandingo, en la Edad Media (They came befor Colomus, the African presence in Ancient America, 1976,  by. Ivan Van Sertima).

En las páginas 35 y 66, de su obra, a Achille Mbembe acepta de buen grado las afirmaciones falaces sobre la historicidad africana y la capacidad mental de los Africanos emitidas por el idealista absoluto Georg Wilhem Friedrich Hegel (La Raison dans l´Histoire), así como la concepción del Negro del Antiguo Régimen. Creyendo en esas ideas como si fueran verdades indiscutibles, nuestro autor podía haber recurrido a Joseph Arthur de Gobineau, autor de Essai sur l´inégalité des races humaines (1853-1855), quien, sin ser antropólogo ni especialista en ninguna de las ciencias humanas, fue reconocido como el verdadero teórico del racismo anti-Negro, por unos, y como un romántico traumatizado, por otros como Hubert Juin, y declararse un acérrimo gobinista sin escrúpulos. Ensalzando todas las manipulaciones: histórica, antropológica, ideológica, etc. etc., diseña una razón negra que es una invención del Occidente. Al  final de ella, menciona impropiamente a Nelson Mandela, porque, no habiendo sido sacrificado como Patrice Lumumba, Ruben Um Nyobé, Amilcar Cabral o Martín Luther King, sobrevivió al régimen del Apartheid… Por lo demás, en sus reflexiones, brilla por su ausencia cualquier referencia digna a la lucha por la liberación total de África emprendida por el Panafricanismo.

En definitiva, estamos ante uno de los típicos y curiosos casos de un Negro que asume, en bruto, toda la arbitrariedad del poder colonial y neocolonial, con un especial elogio a sus filósofos y sus partidarios… Ante semejante sumisión, ha sido, es, oportuno remitirle a las reflexiones más pertinentes. Si Arthur Schopenhauer, uno de los contemporáneos de Hegel, lo había tachado de filósofo con un fin político mal  calculado, “charlatán vulgar, sin espíritu, repugnante, ignorante” (Fragmentos sobre la historia de la filosofía, 1851), fue precisamente porque, con su concepción del mundo imaginario y de la historia celestial, no había bajado del cielo a tierra, como diría K. Marx. Por su parte, Anténor Firmin, un negro ahitiano, uno de los mejores filósofos de la filosofía del Derecho del siglo XIX, politólogo, egiptólogo, antropólogo y miembro de la Sociedad de Antropología de Paris, publica en 1885 su brillante obra, De l´égalité des races humaines (Anthropologie positive), en la que echa por tierra todas las teorías racistas occidentales por ser “ineptas” y califica de “falsos científicos” a sus autores, al mismo tiempo que llama a Gobineau un simple “ofuscado por pasión”.

En esa misma línea, las falacias de Hegel y de sus adeptos han sido refutadas de forma sistemática por el reconocido filósofo e historiador solemne Cheikh Anta Diop (Nations nègres et cultures, 1954), por Joseph Ki-Zerbo (Histoire de l´Afrique noire, 1978), por Doue Gnonsea (Cheikh Anta Diop, Théophile Obenga: combat pour la Re- naissance africaine, 2003), y por otros innumerables investigadores africanos y de oros continentes. Yo mismo he planteado la cuestión en el “Origen del saber universal y racional, origen del término filosofía” (Síntesis sistemática de la filosofía africana, 2001). Es obvio que la obediencia ciega a sus amos, ha reducido tanto la facultad cognoscitiva de nuestro hermano Achille Mbembe para no acercarse a ninguna investigación objetiva. Por eso, a estas alturas, no ha podido enterarse de que la ciencia geométrica nació entre los Blombos, nuestros antepasados que habitaban a unos 200  km. al este de la ciudad del Cabo, en África del Sur, un invento que remonta a unos 40.000 ó 50.000 años a. C. No se ha enterado de que las matemáticas fueron inventadas por los antiguos pobladores de las montañas de Lebombo, en Swuazilandia, unos 37.000 años a.C. Como un buen profesor africano, que reproduce la antigua canción de “la voz de su amo”, no ha tenido acceso a esa información científica que, desde 1950, nos certifica que el primer método de observación y del cálculo de los ciclos lunares fue creado (25.000 años a. C.) por los Ishango, a orillas del lago Eduardo, entre la R.D. del Congo y Uganda (Le papyrus d´Ahmès, revue d´humanités classiques africaines, 2015).

Del mismo modo, las ideas fijas de sus maestros no le han permitido recordar que de aquella zona, llamada hoy de los Grandes Lagos, salieron grandes olas migratorias que llevaron a los Negros a Kemit, tierra negra, donde fundaron tres grandes imperios: Antiguo, Medio y Nuevo, y llevaron a cabo las primeras revoluciones en filosofía y en todas las demás disciplinas científicas. Esta fue, desde el siglo IX a. C. la cuna del saber universal para la Grecia antigua, a donde peregrinaron sus filósofos, literatos, sabios y demás intelectuales. De acuerdo con eso, el señor Achille Mbembe debería saber que la razón griega fue la copia más exacta de la razón negra. Pero si él,  ni puede entender, ni está informado de todos esos temas que, hoy en día, constituyen brillantes capítulos de la investigación filosófica y científica, cualquier lector crítico descubrirá fácilmente los círculos viciosos de sus sofismas y, por supuesto, de su libro que es, simplemente, una exigencia de la promoción neocolonial.

León, España, 3 de abril de 2017.

Eugenio Nkogo. Web: www.eugenionkogo.com

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